Francesc Catalá-Roca

(Valls, Tarragona, 19-03-1922 – Barcelona, 05-03-1998).

Hijo del también fotógrafo Pere Catalá i Pic que fue quien lo introdujo en el mundo de la fotografía, compartiéndolo con su hermano Pere Catalá Roca. Colaboró con diversas publicaciones entre las que destacan Destino y La Vanguardia. Realizó la primera exposición individual en 1953. Catalá Roca es conocido por los numerosos libros que ha ilustrado, principalmente con fotografías de tema artísticos. Algunas de las obras ilustradas por el fotógrafo son Els monestir catalans (1968), El Pirineu (1970) o História de l’Art Catalá de 1983. Catalá-Roca se consideraba a si mismo como un profesional de la fotografía que intentaba captar la realidad cotidiana, creyendo en fin que era más un documentalista que artista, sin embargo su obra combina la realidad con la belleza, gracias entre otras cosas a su capacidad técnica y la habilidad natural para entrar en contacto con las personas a las que retrataba. Fue galardonado en dos ocasiones con el premio Ciudad de Barcelona y recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas que otorga el Ministerio de Cultura, así como la medalla al mérito artístico. Su obra está compuesta por unos 200.000 negativos. Grandes retrospectivas de su obra se presentaron en Barcelona en la Fundació Miró (2000), La Pedrera (2012) y en Madrid, Ctírculo de Bellas Artes (2013).

 

Durante la guerra, trabajó como responsable del archivo y ayudante en la imprenta en el Comisariat de la Generalitat de Catalunya. La relación de Català-Roca con el mundo de la publicidad, el grafismo y la fotomecánica le proporcionó una visión moderna de la fotografía. Al mismo tiempo, su trabajo en el Comissariat de Propaganda le permite conocer a personajes como al anarquista Durruti, Errol Flynn o André Malraux.

Una vez acabada la guerra gracias a las destrezas aprendidas en la imprenta, como la de saber utilizar la máquina offset, encontró trabajo a partir del cual mantenía a toda la familia. En 1948 abrió su propio laboratorio fotográfico. Esta emancipación le permitió encontrar su propio estilo alejado de la fotografía publicitaria que hacía su padre.

La casi totalidad de las corrientes vanguardistas del momento, que Francesc conoció de manos de su padre, materializaban el concepto del mensaje en un arte final plasmado con una técnica de manipulación compleja y por lo general muy elaborada. La minuciosidad en la construcción de todo esto le obligó a ser muy detallista en cuanto a la técnica y, al mismo tiempo, cimentó la certeza de su credo fotográfico en la dirección opuesta, en la no manipulación de las imágenes, en la representación del mundo que le rodeaba sin trucos inducidos más allá de los que impone la química fotográfica.

Definió como una buena foto aquella que reflejaba una historia bien contada. Frecuentemente decía: «Estoy más cerca de la literatura que de las artes plásticas». Nada le exaltaba y hasta enfurecía más que estas veleidades acomplejadas de la fotografía frente a la pintura u otras artes manufacturadas como la pintura o la escultura. La fotografía era una vía de comunicación múltiple, cuyo valor residía en la posibilidad de la multiplicación hasta el infinito de imágenes tomadas para diferentes usos, entre los que destacaba el documental.

Para Francesc Català-Roca una buena fotografía es aquella que está hecha para reconocer cómo somos y para reconocer a los otros. La copia no tiene mayor valor que su uso para comunicar, para dar a conocer. De ahí que, lejos de amputar o reducir las imágenes a objetos decorativos, cuidadosamente enmarcados y presentados Català defendía la copia reemplazable, sin necesidad de protección más allá de unos listones de madera a modo de bastidor en la parte de atrás, que permitieran la rigidez suficiente.

Fue el primer fotógrafo en obtener el Premio Nacional de Artes Plásticas, que se le otorgó cuando ya contaba con sesenta años. Cuando aún no la fotografía no se había integrado oficialmente en ellas, años más tarde se creó el específico Premio Nacional de Fotografía.

Más allá del galardón, el hecho constituyó para él el triunfo de la fotografía en España. En relación a este premio Català comentó «personalmente fue muy importante, pero sobre todo se lo dieron a la fotografía; enseguida imaginé que se lo concedían a mi padre, a Man Ray, a Bresson, etc., que son la base, gracias a ellos estoy hoy aquí. A mí me tocó ser el polarizador de este premio. Para mí los premios son mis clientes, me los dan cuando me llaman para trabajar con ellos y además son monetarios. Para mí es un honor que un personaje como Chillida me llame para hacerle unas fotos. Ese es mi premio y vivo de él».


Algunas de sus Fotos:


Podesis saber mas de el:

Frances Catala Roca

Exposición Reina Sofía


En Fotocalle79 estamos enamorados de las fotografías de Francesc Catalá-Roca y a sido un gran placer poderos transmitir un poquito de este gran fotógrafo.

2 thoughts on “¿Francesc Catalá-Roca documentalista o artista?

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